Hay historias que te acompañan a lo largo de los años. No te atormentan, no impiden que puedas dormir en paz ni tampoco lastran tu camino. Es algo sutil, leve como una sombra, como un aroma etéreo o una música que oyes a lo lejos.
En algunos momentos te alejas haciéndolas así más ínfimas, casi imperceptibles; en otros, sin darte cuenta, vuelves irremediablemente hacia ellas hasta que de nuevo se tornan rotundas, inmensas, ocupándolo todo alrededor.
Ésta soy yo, y aquí está la historia de la que os hablo.