Max regresa a Madrid después de una larga estancia en Londres, con un divorcio a sus espaldas, una nueva aventura empresarial y un sobrino rebelde, Coque, al que su tía Florencia le ha encargado la misión de centrarle.
Max acepta la misión, pero con pinzas porque no piensa meter a Coque en su casa, sino en el ático de enfrente que tiene alquilado a Blanca, cuyo contrato está próximo a vencer.
Blanca no está dispuesta a dejar la casa por nada del mundo, es el lugar donde más se inspira para su trabajo y donde parasita desde hace meses Ben, su profesor de yoga, que está a punto de caer a sus pies.
O eso cree y por eso le propone a su casero que Coque se vaya a vivir con ellos.
A Max le parece un disparate que su sobrino conviva en el caos de Blanca, pero fue la primera mujer que le rechazó, cuando tenía siete años y esas cosas no se olvidan.
La venganza se sirve en plato frío y Max piensa disfrutarlo con palomitas y prismáticos, desde el ático de enfrente donde disfruta de su orden, de su paz y de su armonía.
Por un rato… porque Coque no para de liarla parda y Blanca es demasiada Blanca…